Cuando un gallego dice «¿oes?», el mundo se detiene. Tu vas con un gallego paseando por una calle, hablando por ejemplo sobre los refugiados sirios, sobre fútbol o la crisis. Y de repente te dice: «¿oes?», y tras un silencio «que nin diola», que diría mi amigo Chuchi, viene el enunciado: «¿Sabes si en Galicia, con lo que llueve, se darían bien los frutos secos?».
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