Cada sábado por la mañana, la veda para el insulto y la vejación se abre en toda España. Mientras las calles inician el día en silencio y calma, en los campos de fútbol se cocinan los peores improperios. Padres furiosos que cargan contra el árbitro, se desesperan con sus hijos y terminan, afortunadamente en pocas ocasiones, protagonizando desagradables trifulcas.
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