"Todos juntos, todos juntos", gritaban la noche del viernes en la ciudad de Amberes miles de personas vestidas con la camiseta y la bandera de Bélgica, tras el histórico triunfo de esa selección sobre Brasil en el Mundial de Fútbol de Rusia 2018, que significó el paso a semifinales. Una celebración que puede ser normal en este lado del planeta, pero que para los que conocen la historia del país europeo sorprende y, también, a muchos cautiva, ya que ven có mo un deporte es capaz de dejar de lado diferencias casi irreconciliables.
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